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miércoles, 8 de diciembre de 2010

LOS MAESTROS CHOCOLATEROS PREFIEREN BIO.

Desde de su fábrica de chocolate en los Alpes franceses, la familia Stephane Bonnat ha estado estrechando lazos con los productores de cacao en todo el mundo durante más de un siglo, y juntos están impulsando una revolución verde.

Ampliamente extendido entre los golosos amantes de cacao y tan poco mimado en cuanto a textura y sabor, el chocolate ecológico ha irrumpido en las tiendas gourmet, de la mano de maestros chocolateros como Bonnat que ha elegido una "opción ética".

Bonnat decidió usar productos ecológicos hace 17 años, después de tomar las riendas del negocio familiar en la ciudad alpina de Voiron. Para él, esto significaba el fortalecimiento de los vínculos establecidos décadas atrás con los productores de todo el mundo, empezando en México.

"En aquel entonces, ellos querían venderme su cacao a 3€ el kilo. Yo les ofrecí nueve!" dijo el maestro chocolaterao a la AFP (Agencia Francesa de Prensa) en el gigantesca feria de comercio justo Salon du Chocolat de Paris. "Hoy en día, tienen una buena vida, visitan el Salón de París, para poder ver el producto final", dijo Bonnat, cuya empresa - una de las más antiguas de Europa - fue un pionera en elaborar chocolate ecológico de alta calidad.

LOS MAESTROS CHOCOLATEROS APUESTAN POR EL CHOCOLATE BIO

Del mismo modo, Bonnat dice que los 35 proveedores de cacao, de Perú a Venezuela, que suministran a su fábrica con unas 220 toneladas de granos por año se han visto beneficiados por este cambio a chocolate ecológico de alta calidad.

Dos de sus productores en Brasil fueron galardonados con el premio al Mejor Cacao en 2009, entregados cada año en el Salon du Chocolat.

El 80 por ciento de las plantaciones de cacao del mundo se piensa que son ecológicas, debido a que los agricultores que no pueden pagar el precio de los fertilizantes químicos ni pesticidas, dijo Bonnat a AFP. Pero sólo una pequeña fracción de esa producción está certificada como ecológica, ya que pocos pueden cubrir el coste del complejo proceso de certificación.

"Los granos de cacao que son certificados ecológicos representan únicamente el 20 por ciento de la producción mundial - y menos del dos por ciento del chocolate que se venden en todo el mundo tiene el certificado ecológico", dijo Bonnat.

Mientras tanto, la mayor parte de la producción de chocolate del mundo está en manos de una industria mundial que, como dice Bonnat, no tiene como prioridad la calidad.

"La paradoja es que los países productores de cacao no son los que hacen el chocolate", dijo.

El chocolatero Jean-Paul Hevin, que compra cacao ecológico directamente a los productores en Haití, comenzó abastecimiento ético hace una década en un intento por "defender el sector" de los excesos industriales.

La elección tiene un precio - el aumento de un 20 por ciento en los costes de producción - pero no se refleja en el precio final de su chocolate, que se vende por 3,90 euros ($ 5.3) por barra.

"Quería hacer algo por Haití, eliminando intermediarios para ofrecer a los productores un salario mejor. Creo en el "art de vivre ", en la calidad. Y la calidad siempre depende del productor", dijo a la AFP.

Hevin, cuyo stand en el Salon du Chocolat tiene la sensación de una joyería o un escaparate de perfumes de lujo, asemeja la "última añada de Nueva Guinea Papua" a un "vino verdaderamente excepcional."

El chocolatero abierto recientemente una chocolatería de lujo en la capital francesa, que ofrece a los usuarios, delicias fascinante como el chocolate con ostras, zanahorias, o una mezcla de chile y plátano.

"Ecológico o no ecológico", dijo Philippe Laurent, jefe de las ventas en el chocolatera Michel Cluizel , "un chocolate delicioso siempre depende de la calidad del grano así como del cuidado en la elaboración".

La excelencia requiere hacer la pasta de cacao sin sabores artificiales o lecitina de soja - utilizado como emulsionante en la mayoría del chocolate industrial - y confiando sólo en las vainas de vainilla natural y el azúcar de caña.

Al igual que Bonnat y Cluizel, Francois Pralus es uno de los cinco chocolateros de lujo francés que transforma el cacao en grano por si mismo, proceden de América del Sur o Indonesia.

Él también ha creado una relación con los productores en Madagascar - donde es propietario de una pequeña plantación - y en Venezuela, donde produce el cacao Chuao -. "Una cosecha excepcional de un suelo excepcional"

En Venezuela, las 20 toneladas de cacao producidos al año por Pralus han ayudado a reconstruir la escuela local, mientras que sus agricultores en Madagascar ganan casi el triple del salario medio.

"El chocolate ecológico no saben mejor per se", dice Pralus. "Detrás hay un fuerte compromiso financiero, la burocracia y los controles son pesados. Pero también es un gesto filosófico, un estilo de vida que hacemos todos los días."

Traducción M.R/ Artículo orginal AFP

martes, 28 de septiembre de 2010

Cambio coca por chocolate ecológico.

Antiguos proveedores del narcotráfico cultivan ahora un cacao orgánico cotizado en las pastelerías de Europa.

El presidente Sarkozy suele comer un chocolate de la selva amazónica peruana, según reveló Regis Ferrey, uno de los pasteleros del Elíseo. En España, chefs como Paco Torreblanca, Jordi Roca o Pedro Subijana utilizan cacao orgánico de este país americano. En 2009, el afamado Salon du Chocolat de París premió por su aroma al oro negro peruano y los reconocimientos no paran, para alegría de sus productores y de quienes creen en el placer y el sabor social que proporciona el chocolate.

Detrás de mezclas exóticas con maracuyá, jengibre, ayguaimanto (menta negra), ají, lúcuma o lavanda. Dentro de bombones, tabletas o rollos de sushi dulce hay una pequeña revolución campesina.

"Te cambio coca por chocolate' fue el trato". También el café y la piña entraron entre las alternativas. Con ayuda de ONG y entidades como Naciones Unidas, USAID y Devida, se plantó hace unos 10 años el germen en zonas cocaleras dominadas por los narcotraficantes. Aunque hay siembra controlada de hoja de coca (se utiliza en infusiones y repostería), el cultivo ilegal sigue siendo ingente, pero ya el cacao se abre paso: hay más de 60.000 hectáreas y con una apuesta por lo ecológico y el comercio justo.

"Solo abonos orgánicos y crianza con mimo e higiene", informan en redes sociales y en su web (http://cacaoperuano.pe/) los cooperativistas de Alto el Sol, en San Martín. Esta región es la primera productora de Perú. Aquí el cacao alimenta a 1.300 familias, con pequeñas chacras de entre una y tres hectáreas donde no se usan fertilizantes ni pesticidas. Las semillas y coberturas que preparan terminan en fábricas y firmas prestigiosas como Barry Callebaut, de Suiza, país líder junto a Alemania en el consumo mundial de chocolate: casi 12 kilos por persona al año. Estados Unidos, Bélgica, Italia y Japón son otros de los destinos.

Y tienen aliados incondicionales en el mundo de la alta gastronomía. La repostera de origen alemán Astrid Gutsche (Astrid &Gastón) lleva tres años recorriendo zonas productoras y cooperativas tras descubrir el remite peruano en la tableta de una chocolatería de París. Tocache, Oro Verde, Naranjillo, Alto El Sol... son algunos de los nombres que se pueden ver en los envoltorios.

"El cacao nativo es delicado, muy aromático, con notas de flores, frutas y madera. Tiene distintos sabores y matices, como el vino", dice Gutsche, quien recomienda apreciar el cacao chupándolo, disolviéndolo despacio en la boca, en vez de morderlo.

Fotografía: La repostera Astrid Gutsche con un campesino de la cooperativa de productores de cacao Alto el Sol. El Pais.

R.Vivas - El País.com